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LA HUMANIDAD
De todos los sufrimientos a que estamos sujetos, no hay uno quizá tan frecuente y tan grave como los callos, ojos de gallo, durezas, uñas encarnadas en la carne y juanetes. Bajo estas denominaciones se designan las protuberancias epidérmicas, duras, callosas, que sobrevienen en diversas partes de los pies y con particularidad de sus dedos, producidas siempre por el calzado, si es muy estrecho, muy duro, muy corto y hasta si es demasiado ancho; también los ocasionan las costuras de las medias. Es pues de la mayor importancia destruir sus efectos.
Con este objeto hace largo tiempo que muchos inventores han discurrido profundamente para encontrar un remedio que pudiera curar los callos; algunos han tenido buen éxito, pero ninguno puede lisonjearse de poseer uno igual al que posee monsieur León de Camps, pedicuro, el cual ofrece las mayores garantías a la curación radical de dicho padecimiento ofreciendo igualmente su gran práctica como descubrimiento a cuantas personas tengan a bien otorgarle su confianza. También ofrece pasar por las casas donde tengan a bien llamarle. Vive en la calle Perú nro. 94. Diríjase el célebre pedicuro de Su Majestad Católica, único en Europa y Brasil para estas operaciones hechas radicalmente y en pocos minutos y sin causar dolor ninguno a su paciente.
Un aviso publicitario, en “El Nacional” de Buenos Aires, edición 1025 de Octubre de 1855.
Fuente: Reseña histórica de Podología. Francisco Prack. Bs. As, 1980. pg. 39